Los niños con cáncer  por las circunstancias de su enfermedad deben adaptarse a vivir en un mundo reducido.  Como maestro puedes ayudar a que la aceptación de su enfermedad sea mas fácil, puedes ser luz en su camino.

 

Las reacciones  del niño o la niña con diagnóstico de cáncer son de muy diversa indole, según las características personales y las de su familia. En términos generales, reaccionan ante el tratamiento del cáncer del mismo modo que las personas sanas ante una situación muy difícil.

 

Se sienten totalmente impotentes ante la situación. La labor de la familia y los maestros,  conjuntamente con la del personal sanitario y asistencial, será la de ayudarles a recuperar el control y la solidez de una situación, por otra parte imprevisible. Su reacción ante el diagnóstico estará determinada en gran medida por su grado de desarrollo emocional e intelectual. De ahí que existan distintas reacciones según las edades.

 

 

ETAPA INFANTIL DE 0-6 AÑOS

En esta edad el niño suele interpretar su mundo situándolo en un plano muy concreto. Son incapaces de captar el significado de su diagnóstico o las razones por las que deben soportar los tratamientos médicos, tan cuantiosos y a menudo agresivos.

Necesitarán que se les confirme, para su tranquilidad, que no son los causantes de su enfermedad y que ésta no es contagiosa ni significa ningún castigo.

La situación les resultará más difícil al tener que separarse de su familia en un primer momento y se sentirán más dependientes e inseguros. La caída del pelo, sin embargo, preocupará más a las personas adultas que al niño o niña en ese momento.

Las reacciones patológicas propias de esta etapa son: el comportamiento agresivo o retraído, la ansiedad como consecuencia de la separación, la fobia al colegio y el aislamiento de las amistades.

 

 

 

PRIMARIA:  7 A 12 AÑOS

En esta etapa del desarrollo pueden seguir sintiendo las preocupaciones propias de la etapa anterior. Pero además empezarán a darse cuenta de las implicaciones sociales de su enfermedad de manera progresiva. Ello supondrá una mayor concienciación por la caída del pelo, por la enfermedad y la muerte, y por los posibles cambios en su entorno social.

Las reacciones patológicas propias de esta etapa son: un significativo descenso en el rendimiento académico no debido al absentismo escolar, un comportamiento agresivo o retraído, una mayor ansiedad, el aislamiento social y la preocupación por la muerte.

 

 

SECUNDARIA:  12 A 16 AÑOS.

Cuando se convierten en jóvenes, sus reacciones y preocupaciones se centrarán cada vez más en las relaciones y preocupaciones con sus amistades y en las consecuencias a largo plazo de su enfermedad.

Como consecuencia de ello, muchos y muchas estudiantes sufrirán en esta etapa de gran ansiedad al plantearse la vuelta al colegio. Les preocupa la posibilidad de no poder realizar las tareas escolares y les entristece el no poder participar en las actividades deportivas del colegio. También les resultará más penosa la idea de enfrentarse con su posible muerte y se sienten inquietos por la incertidumbre de su futuro. Finalmente, en una edad en que se esfuerzan por desarrollar su independencia, se van a encontrar cada vez más dependientes de sus familias y del personal sanitario que les atiende. Las reacciones patológicas propias de esta etapa son: notable des- censo en el rendimiento académico, pensar con frecuencia en la muerte y/o el suici- dio, extremado aislamiento social, abuso de sustancias nocivas, y fracaso escolar.

Jóvenes y adolescentes son muy conscientes de su aspecto físico y al mismo tiempo, muy susceptibles del rechazo social. Se les plantea la duda de hacer o no partícipes a los demás de su enfermedad, a causa del estigma consciente de encontrarles «diferentes».

Como consecuencia de ello, muchos y muchas estudiantes sufrirán en esta etapa de gran ansiedad al plantearse la vuelta al colegio. Les preocupa la posibilidad de no poder realizar las tareas escolares y les entristece el no poder participar en las actividades deportivas del colegio. También les resultará más penosa la idea de enfrentarse con su posible muerte y se sienten inquietos por la incertidumbre de su futuro. Finalmente, en una edad en que se esfuerzan por desarrollar su independencia, se van a encontrar cada vez más dependientes de sus familias y del personal sanitario que les atiende. Las reacciones patológicas propias de esta etapa son: notable descenso en el rendimiento académico, pensar con frecuencia en la muerte y/o el suicidio, extremado aislamiento social, abuso de sustancias nocivas, y fracaso escolar.

 

Como han visto de acuerdo a cada etapa son los retos para las personas que rodean al niño o adolescente con cáncer.  Como maestro debe existir un compromiso en generar mecanismos para que tu alumno «el que hoy padece cáncer». continue la adquisición de los hitos educativos para edad, lo que le permitirá:

  • Mayor socialización
  • Continuar con adquisición de conocimientos, pues los niños son ávidos de aprendizaje
  • La no perdida de la visión de futuro
  • Una mayor aceptación de su enfermedad
  • Reincorporación mas fácil a la vida al finalizar el tratamiento.

 

¿QUÉ PUEDE HACER EL PROFESORADO?

• Comunicarse con las familias o personas en quien deleguen para conocer la situación y con su consentimiento, establecer una organización de trabajo y contactos periódicos.

• Intercambiar información con el docente hospitalario, si procede, a fin de adecuar el currículo a la situación del alumno o alumna, seleccionando los contenidos mínimos de las materias básicas o de aquellas en las que tenga mayor nivel de dificultad.  En el caso que no exista docente hospitalario,  generar los puentes de comunicación para entrega de material y posterior revisión.

• En el caso de que sean varios los profesores y profesoras que le atienden en el centro de origen, el profesorado tutor podrá establecer, coordinar y fomentar diferentes grados de implicación de cada uno de ellos en el proceso.

• Procurar mantener abiertas, vías de comunicación con el alumno o alumna afectada por medio de cartas, llamadas telefónicas, envío de dibujos, fotos, cartas de compañeros, mensajes… Sería muy interesante establecer comunicación telemática si es posible.

• Motivarle para que mantenga sus relaciones y así evitar conductas de retraimiento y aislamiento.

• Previo consentimiento de la familia y en colaboración con ella, puede ser conveniente informar a la clase, sobre la situación y teniendo siempre en cuenta los conocimientos que posea el propio niño o niña afectado acerca de lo qué le está pasando.

 

 

COMO PUEDEN AYUDAR A LOS COMPAÑEROS DE CLASE:

  • Preguntenles cómo quisieran ellos ser tratados si estuviesen enfermos. Tengan en cuenta que la mayoría prefieren ser tratados igual que antes de contraer la enfermedad.
  • Es importante mantener el contacto cuando el niño o la niña permanece un largo periodo alejado del colegio. Es un buen procedimiento enviar cartas y postales cuando el menor no pueda ir al colegio y también filmar vídeos.
  • Continuidad de las acciones, «la solidaridad tiene picos».
  • En muchos casos, y sobre todo con adolescentes, se aprecia su preferencia a que la intervención se realice únicamente con las amistades íntimas y dar, sí acaso, unos detalles al resto del alumnado.
  • Habrá que informar de la vuelta y situación de su compañero o compañera, posibles cambios físicos y emocionales si los hubiera, previendo posibles comportamientos de broma o burla hacia estos cambios.
  • Descripción general del cáncer.
  • El cáncer no es contagioso.
  • El cáncer no es culpa de los alumnos o alumnas ni de sus amistades.

 

 

Cómo informar a la clase:

• Enlazando este punto con el trabajo curricular de actitudes: autoestima, solidaridad, aceptación, respeto…

• Procurando transmitir información: veraz y escueta, completa pero nun- ca excesiva.

• Aportando sencillas pautas de comportamiento: Interesarse por su enfer- medad pero sin interrogatorios.

• Ayudar no es compadecer.
• Ser amables no supone ser condescendientes ni consentidores.

 

Es importante que el alumnado sepa que el cáncer, a pesar de ser una enfermedad grave, no es contagioso y hoy día tiene un alto índice de curación, alcanzando en algunas de sus formas un 75 o incluso un 80% de curaciones.

Hay familias que prefieren informar ellas mismas, mediante una charla distendida o a través de una carta dirigida a compañeros, compañeras y familias.

 

Si es el profesorado quien se va a encargar de transmitir esta información, deberá despertar sentimientos positivos de empatía y aceptación en el resto de  los niños y niñas, teniendo siempre presente la influencia de la edad en las emociones por las que ha podido estar pasando quien vuelve de nuevo a la clase.

 

 

Espero con esta herramienta generes conciencia del poder que tienes como maestro para generar bienestar en tu alumno que hoy esta enfermo.

 

Adaptado: Educar niños y niñas con cáncer.  Federación Vasca de padres y niños con cáncer.

 

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