Desde que somos pequeños jugamos y fantaseamos con la idea de ser padres. Sin embargo, sólo cuando llega un hijo a nuestra vida es que comprendemos el amor profundo que nos unirá por siempre a nuestro niño… más allá de cualquier distancia, tiempo o adversidad se construye un vínculo que transforma de un modo irreversible ese mundo en el que te encontrabas hasta ahora.

 

Superar el dolor de una pérdida nunca es fácil. Pero la muerte de un hijo deja una huella de dolor que por siempre estará gravada en el corazón de sus padres. Una parte de ellos se va junto a su hijo mientras que el futuro cambia para siempre… no sólo pierden su presencia física sino también todos los sueños, proyectos y expectativas que tenían en mente desde antes que naciera.

 

Es que esta muerte va en contra del orden natural de la vida, y es así como no existe nombre para llamar a los padres que pierden un hijo,  si pierdes a tu esposa/o te llamas viudo, si pierdes a tus padres huérfano, pero si pierdes a un hijo no existe nombre; sólo en el idioma hebreo, existe una palabra “shjol”, que designa a la persona que ha perdido un hijo.  Pensamos que se trata de un tema tabú, se relaciona con lo prohibido, lo sagrado.  Es impensable e innombrable, lo que se relaciona con el valor mágico constante de las palabras, es decir, que no tiene que ser nombrado evitando así que suceda lo temido.  Freud al final de su trabajo «De guerra y muerte. Temas de actualidad», sugiere modificar el viejo apotegma «Si vis paces, para bellum» (si quieres conservar La Paz, prepárate para la guerra) por  «Si vis vital, para mortem» (si quieres soportar la vida prepárate para la muerte).

 

Es así como la  muerte de tu hijo  te lleva a transitar una crisis vital profunda en la que todos los principios filosóficos, espirituales y sistema de valores que hasta entonces te guiaban quedan en jaque absoluto. Los padres se cuestionan si la vida tendrá algún sentido mientras se preguntan: “¿Cómo voy a hacer para sobrevivir al dolor de su ausencia?”.

 

La muerte de un hijo es una pérdida significativa y permanente, por lo que el gran desafío para los padres en duelo es aprender a sobrellevar el dolor de esta ausencia obligándolos a repensar sus prioridades. El sentido de vida que hasta ahora te guiaba se ha destruido por lo que lentamente debes recoger los pedazos de esta vida que ha sido destrozada para encontrar nuevas fortalezas que te permitan construir un nuevo propósito.

 

Pero en algunas situaciones, el dolor puede ser especialmente intenso, incluso abrumador. La intensidad del dolor puede depender de muchos factores, como la situación o la relación con la persona fallecida.

 

Si estás intentando superar una muerte repentina, inesperada, trágica o traumática, o si una persona muy cercana ha muerto, el dolor puede ser particularmente intenso. Cuando el dolor es intenso, las personas pueden necesitar apoyo y ayuda adicional para superarlo.

Si tu dolor es demasiado intenso como para soportarlo solo, si es abrumador o se ha prolongado por demasiado tiempo y no hay nada que parezca aliviarlo, busca ayuda. Si el dolor se ha convertido en depresión, es muy importante contarle a alguien cómo te sientes.

 

 

¿Cómo sabes si tu dolor es demasiado intenso o si se ha prolongado por mucho tiempo? Cualquiera de los siguientes puntos pueden ser señales:
  • Has sentido ese dolor durante 4 meses o más y sigues sin sentirte mejor.
  • Te sientes deprimido.
  • Tu dolor es tan intenso que sientes que no puedes seguir con tus actividades normales.
  • Tu dolor afecta tu capacidad para concentrarte, dormir, comer o relacionarte con la gente de la forma en que lo hacías normalmente.
  • Estás consumiendo alcohol o drogas, comes en exceso o te haces daño físico a ti mismo para escapar del dolor o «calmar» esa sensación.
  • Sientes que no puedes continuar viviendo luego de la pérdida o piensas en el suicidio, en la muerte o en hacerte daño.

 

Es normal pensar en la muerte hasta cierto punto. Pero si piensas en suicidarte o en lastimarte a ti mismo de algún modo, o si sientes que no puedes seguir viviendo, habla con alguien de inmediato. Acércate a un adulto en el que confíes (como un padre, familiar, consejero, docente, médico, enfermera, entrenador o líder religioso), cuéntale cómo te sientes y pídele ayuda. Podrán escucharte con calma y ayudarte a encontrar atención profesional.

 

El asesoramiento de un terapeuta profesional o un consejero que se especialice en duelos puede ayudarte a superar el dolor. Al hablar sobre tu pérdida y tus sentimientos a otra persona que escucha y comprende, el dolor puede comenzar a sanar. Un terapeuta puede guiarte en tu camino para sanar, volver a disfrutar tu vida y recordar a la persona fallecida de forma positiva.

 

Los grupos de apoyo para adolescentes que atraviesan un duelo, liderados por un consejero, también son de mucha ayuda. Participar de un grupo de apoyo les recuerda a las personas que no están solas, les permite ayudarse entre sí para sobrellevar el dolor y crea vínculos con otras personas que están atravesando una situación similar.

 

Si estás luchando contra el dolor, es posible que pienses que nunca te sentirás mejor y que las cosas nunca volverán a estar bien. Muchas personas se sienten de esa forma en medio de su dolor. Pero también encuentran formas de superar el dolor intenso y lidiar con los cambios que esa pérdida ha creado en sus vidas.

 

Recuerda que no hay fechas ni plazos para el duelo…habrá días de mayor calma y otros de mayor tristeza. Habrán eventos familiares y acontecimientos importantes en tu vida en los que te gustaría que tu hijo estuviera presente, pudiendo desencadenar el sufrimiento aún muchos años después. Esto no es un retroceso en tu duelo…es una reacción absolutamente normal por lo que debes permitirte expresar las emociones que surjan y así trabajar tu duelo. Con tiempo y apoyo, las personas comienzan a sentirse mejor del dolor emocional del duelo. Por más duro que sea, empiezan a adaptarse a la vida. El dolor del duelo puede ayudarnos a aprender y a crecer, y profundiza el valor de nuestras vidas y de las personas que amamos.

 

Al final de tu proceso de duelo estarás sano y serás mejor ser humano y sobre todo serás un rayo de luz y esperanza para otros padres. Serás una parte modular del equilibrio de la gente que te rodea. Tendrás la oportunidad de convertirte en una persona extraordinaria por lo espiritual, resilente, emocional y personal que vives al transitar durante tu sanación.

 

 

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