Los ganglios inflamados “adenomegalias” son una causa de consulta frecuente al especialista, su existencia puede representar una alta variedad de etiología, si bien la mayoría de causas corresponde a infecciones benignas transitorias, algunas veces pueden ser la manifestación inicial de enfermedades más graves (linfoma, leucemia, tuberculosis, entre otras).

 

Es importante que tengas claridad en diferenciar ganglios de adenopatías:

 

¿Qué son los ganglios?
Los ganglios linfáticos son una parte del sistema inmunológico de nuestro organismo, que es el encargado de defendernos frente a las infecciones y otras enfermedades. Estos contienen los linfocitos, que son células muy importantes para llevar a cabo la función de defensa.

 

¿Qué son las adenopatías?
Hablamos de adenopatías cuando los ganglios linfáticos se inflaman y aumentan de tamaño, pudiéndose palpar en algunos casos. Esto ocurre muy frecuentemente en los niños, ya que tienen más ganglios y son más grandes que en los adultos, las infecciones en ellos son mucho más frecuentes y la respuesta del sistema inmunológico es mayor. Las localizaciones más frecuentes de los ganglios son el cuello y la ingle.

 

¿Cuándo debes consultar con tu hijo?

En los siguientes casos se recomienda consultar.

  • Ganglios mayores de 1 cm o mayores de 0,5 cm en bebés menores de 1 mes.
  • Cualquier ganglio palpable justo por encima de la clavícula o en el hueco poplíteo (tras la rodilla).
  •  Ganglios duros, que cuesta moverlos y parecen unidos a la piel o a los tejidos profundos o ulcerados.
  • Aumento rápido del tamaño del ganglio, sobre todo si la zona está roja.
  • Los ganglios se asocian a cansancio, pérdida de peso, palidez o pérdida de apetito.
  • Los ganglios han aparecido tras la picadura o mordedura de un insecto o animal (gatos, garrapatas…).
  • Ganglios que permanecen más de 3 semanas.

 

Si tu hijo/a presenta alguno de los anteriores signos y síntomas no dudes en consultar.

 

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