Hola a todas aquellas personas que a continuación leerán mi testimonio: me llamo María Alejandra y para entonces era una adolescente de 15 años que llevaba una vida apacible, feliz, algo monótona y rutinaria, pero sin mayores preocupaciones; mis días en el colegio transcurrían en completa normalidad y sin saber con exactitud ni como ni cuando, empecé a palparme una masa en la pierna izquierda que progresivamente fue aumentando de tamaño; recuerdo bien que por temporadas (especialmente después de hacer ejercicio) además de que dicha zona se ponía caliente, sentía un dolor que llegaba a ser tan intenso y punzante que se prolongaba al resto de mis extremidades inferiores, y lograba dejarme coja hasta por un par de días, era un dolor que con frecuencia me desvelaba por las noches, molestias que simulaban ser simples dolores “musculares”. Sin embargo, no le prestamos mayor atención, me practicaron una radiografía que aparentemente resulto normal, y con mayor razón nos tranquilizamos y dejamos que pasaran mas de seis meses, asumiendo que lo que allí tenia, era una bola de grasa que por razones desconocidas, seguía creciendo y creciendo.

 

Como algo que se veía venir, los dolores se hicieron cada vez mas fuertes, al punto de que me llevaron al Oncólogo Ortopedista, quien en principio trato de tranquilizarme y me solicito mas exámenes,  programándome para una biopsia, la cual finalmente determino que se trataba de un tumor maligno ectodérmico diagnosticado como Sarcoma de Ewing, localizado en tibia izquierda, pero gracias a Dios, no metastasico.

 

Fue una noticia inesperada porque por mas de que contempláramos la posibilidad de que los resultados pudieran ser desfavorables, en su momento nos negábamos completamente a ello; es una de esas situaciones con las que uno nunca espera toparse, una enfermedad, y en especial, de tal magnitud, suele verse muy lejana a la realidad propia. Hasta ese momento siempre había sido una niña muy sana, nunca había sido hospitalizada, en fin, todo fue sucediendo muy rápido, no hacia si no preguntarme ¡¿Por qué a mi?!, y en pocas palabras, mi vida cambio de la noche a la mañana, o al menos así fue como lo percibí en el momento. Lo delicado del diagnostico requería iniciar lo mas pronto posible un tratamiento de Quimioterapia, y del lado de esto, me atemorizaba la idea de tener que postergar mi ultimo año de colegio. Todo este asunto de la enfermedad, de los tóxicos que iban a ser introducidos a mi cuerpo, los malestares, vómitos, la inevitable caída del cabello, la eventualidad de no poder graduarme con mis amigos y demás elementos del panorama que me rodeaba, me atormentaban y me predisponían de la peor forma; este miedo fue también alimentado por los medios de comunicación y hasta la misma industria del “cine” a través de muchas películas, que en el fondo siempre se ocupaban de vender las historias mas tristes, las circunstancias y escenarios mas oscuros que llevaban a fatales desenlaces como consecuencia de esta enfermedad. Yo en medio de mi ignorancia, en medio del tabú del Cáncer, sin siquiera haber empezado el tratamiento ya me imaginaba las peores cosas, cuando NO tuvo por que ser así. Fui bendecida por Dios y la vida porque de allí en adelante las cosas se fueron dando y apuntando hacia el éxito y resolución de la patología, empezando por el tan afortunado pronostico que tuve. Inicie con seis ciclos de estos fármacos, y a pesar de que mi cuerpo no asimilo muy bien los primeros, sobreviniendo los esperados efectos secundarios como vómitos, estreñimiento, mucositis, dolores tediosos, la caída del cabello, y la fuerte baja de defensas (que me limito de realizar muchas actividades ante el riesgo que conllevaban), se pudo reducir un poco el tamaño del tumor para que al momento de la cirugía se lograra la total resección del mismo.

 

Casi dos meses después, luego de haber superado la complicación surgida de un hematoma que inicialmente fue confundido con una trombosis venosa profunda, y por lo que hubo necesidad de acudir reiteradamente al servicio de urgencias, restaban 11 ciclos de quimioterapia a fin de acabar con cualquier posible “micro metástasis” que todavía estuviera presente en mi organismo; a medida que iba recibiendo esas dosis de medicamento sentía que mi cuerpo se iba haciendo mas y mas tolerante a ellas, por ende, los efectos poco a poco se fueron apaciguando, y como “plus”, estaba mucho mas dispuesta a ponerme al día con los trabajos académicos del colegio, sentía que cada vez estaba mas cerca de poder graduarme con mis amigos.

 

Fue durante, al final y hasta después de todo este proceso de tratamiento que pudimos ver “para que” el azar de la vida nos había retado a mi familia y a mi a superar esta prueba; constituyo en primer momento un motivo de acercamiento entre nosotros, aprendimos que no valía la pena enfrascarnos en situaciones sin importancia, que solo se puede contar con el momento inmediato, con el instante, y por eso, este debe ser muy bien invertido y aprovechado; para toda situación que se nos presente debemos ser resilientes, “capaces de transformar y emplear el dolor en la fuerza motora para superar y salir fortalecido de dichas adversidades”.

 

Haciendo recuento de todo lo vivido durante ese año, podría decir que fue un camino lleno de altibajos, que si bien en algunos momentos logro invadirme la angustia, la incertidumbre, el miedo, los pensamientos adversos y negativos, definitivamente predominaron los momentos en los que estuve motivada,  esperanzada y empeñada en sacar adelante mi salud y lograr mi graduación, animada por el incondicional apoyo de mi familia, el colegio, mis profesores, amigos y claro, con el soporte y las sapientes decisiones de mis médicos tratantes, que iluminados por Dios, hicieron posible la curación de mi enfermedad.

 

Debo agradecer las oraciones y voces de aliento de todas aquellas personas que de manera presente o ausente inyectaron en mi siempre una actitud positiva y un deseo vehemente de sanarme. Así mismo, va mi voz de aliento para todos los niños que se encuentran atravesando una situación similar, y una plegaria a Dios para que sus familias se vean fortalecidas y logren superar esta dificultad.

 

Hoy día soy una bachiller feliz, próxima a cursar su Universidad, pero por encima de todo, que declara estar SANA.

 

Maria Alejandra Reyes.