Stiven mi pequeño valiente, con tan solo 2 meses de haber cumplido sus 5 años  empezó a presentar dolor en la parte izquierda del abdomen, dejo de jugar, se sentía cansado y ni siquiera los dulces que le encantaban los comía. Lo lleve al médico en 4 ocasiones y nunca hubo respuesta para sus dolores;  ante la perdida de peso y la persistencia de los síntomas decidí llevarlo al pediatra logrando conseguir una cita para el 29 de junio de 2016.  Como olvidar este viaje de 7 horas, fue agotador ante los dolores fuertes que  hacían llorar y doblar a mi hijo hacia delante, fue evaluado por el  pediatra quien encontró el bazo aumentado de tamaño, inmediatamente me envía al hospital indicando Radiografía de tórax y ecografía abdominal donde encontraron una gran masa, el 3 de julio de 2016 es enviado a Bucaramanga a la FCV, allí iniciaron los estudios y realizaron cirugía;  después de tantos días por fin un diagnóstico.     Como madre no esperaba  me dijeran que mi hijo tenia cáncer y mucho menos uno de los tumores mas agresivos de la oncología pediátrica «NEUROBLASTOMA con metástasis en tórax»,  que golpe tan duro llegando a mi la pregunta «Por que a mi hijo Dios mio».

 

Inicio la quimioterapia, realmente me asombro de como toleraba el tratamiento, como con la quimioterapia recupero su estado de salud, volvió a jugar y a comer algunos dulces, luego cirugía y todo parecía bien, estábamos ganándole  la batalla al cáncer, faltaba poco tiempo para terminar, mi alegría era enorme, sentía que me pequeño pronto saldría de este mal momento que se le presentó en la vida .

 

Recuerdo la su última navidad en diciembre de 2016, compartimos y celebramos en familia, nos preparábamos para el final de su tratamiento;  fue así, como regresamos al hospital y en uno de los exámenes nuevamente el Neuroblastoma crecía.   Aun recuerdo esta noticia y  la sensación de impotencia,  pensaba  «tanta lucha de mi pequeño», lloré  tanto que stiven me pregunto  si lloraba por culpa de él, yo le exprese  «NO»,  me dijo » por mi culpa no puedes estar en la casa» le respondí  «NO», «siempre estaré  contigo»,  «no vuelvas a llorar» y me dio un gran abrazo.

 

De nuevo decidí llenarme de fuerza y seguir,  me dije a mi misma » debo tener la alegría,  la fuerza de seguir adelante», si mi niño que era el que se sometía al tratamiento la tenia,  yo que solo lo acompañaba debía ser mas fuerte.

 

Como olvidar sus chistes, historias, su alegría era algo cautivador;  le decía a su hermano:
«yo estoy enfermo, tengo cáncer y que pasa, para eso voy donde mi doctora».  Siempre con una disposición a su tratamiento,  no se quejaba por nada, él decia que todo lo que le hicieran en el hospital era para él estar bien.  Fue así como decidí no entender nada y dejar todo en manos de Dios y los médicos,  pasaron  8 ciclos de quimioterapia, 4 de rescate, juntas médicas y estudios; llegó un día  que nunca espere, que  nunca  imagine; el 2 de septiembre de 2017 mi hijo debía continuar manejo oncológico tipo paliativo,  entendí que estábamos llegando al final, que no había mas que hacer.

 

Donde iba estaba Stiven con esa sonrisa jugando,  me preguntaba «que le dire cuando ya no volvamos al hospital, cuando pregunté si ya término el tratamiento».   Decidí que pasaría sus días de vida con alegría,  fue al mar por medio de la Fundación amor y esperanza,  la paso super, tanto así  que no quería regresar a casa; todo fue alegría.

 

En Octubre por fiebre, requirió consultar, coincidimos con el día de los niños, estuvo allí, jugando, compartiendo con sus amigos, de repente me expreso que se sentía bien, que no quería ingresar; el dolor en sus huesos y su fiebre ya no estaban, me pidio regresar a casa con la gran alegría de encontrase con su papá,  el decía «mi papá es de miel y de chocolate»

 

A pesar de sentir dolor, expresaba sentirse bien, en noviembre ante un dolor incontrolable lo  ingrese por urgencias,  allí duro unos días;  ya no podíamos viajar a casa, cada vez los dolores eran mas fuertes.

Realmente fuimos afortunados,   en el hospital siempre fueron atentos, nos  acompañaba sicología,  siquiatría y clínica del dolor,  ahí, las  24 horas del día atententos a lo que necesitará mi pequeño.

 

Empezaron a controlar el dolor con dosis pequeñas de medicamentos,  cada día ajustaban más,  mas y mas,  el dolor no cedía,  no encontraba una posición que le brindara confort.

 

Cada día pedía a Dios por un milagro;  una madrugada presentó un dolor muy fuerte, el pedía  ayuda; nos hizo llorar y en su dolor levantó la cabeza y dijo «porque lloran no lloren, no me gusta que lloren»  me seque las lágrimas le di un abrazo;  así pasaron los días en compañía de su papá,  que gracias a Dios y a los médicos pudimos estar juntos acompañándolo.

 

Cierto día me acosté a su lado y me dijo «te quiero»,  yo le dije » y yo a ti, pero estoy triste porque no puedo ayudar a calmar tus dolores»,  me dijo, » mamí no te preocupes,  tu me ayudas mucho cuando me sobas mi espalda,  eso me alivia y no estés triste,  si tu estas alegre yo estoy alegre,  si tu estas triste yo estoy triste»,  se me salieron las lágrimas,  mi pequeño valiente lleno de de valor para decirme esas palabras pensando en mi.

 

Hoy después de 23 días de lucha,  mi pequeño decidió irse a descansar,  me dejó el 20 de de diciembre, falleció,  no me di cuenta en que momento  creo que el quiso que fuera así mientras yo dormía a su lado,   mi esposo me despertó y me dijo  » Stiven ya no esta» yo lo mire. estábamos cara a cara me levante,  fui al baño,  me lave la cara,  me dirigí a él y si,  ya no respiraba,  lo abrace,  le puse una de sus-pijamas favoritas;  con dolor en mi alma se que descanso y se fue tranquilo.

 

Hoy recuerdo que un día  antes de la partida de mi hijo,  una doctora me expreso: » Uno de los mas grandes actos de amor como padre es dejar de ser egoísta renunciando a la vida del hijo que hoy sufre, para así  dejarlo marchar y libre de su cuerpo enfermo, ese día  la doctora me pregunto «Haz hablado con él, él te escucha, dile que todo estará bien».      Lo pensé mucho,  pero lo hice,   junto con su padre,  el por el lado izquierdo y yo por su derecha,  lo abrazamos y le dijimos que era un niño muy valiente,  que nos  sentíamos orgullosos de él,  que nosotros estaríamos bien,  que si quería descansar lo podía hacer,  que el ya nos había dado mucho,  que pasara lo que pasará,  siempre lo amaríamos y siempre seria el mejor de todos.

 

Sin duda creo que el esperaba estas palabras para partir de este mundo;  me dejó un
gran vacío,  estoy viviendo un duelo que  cada día  que despierto desearia  que todo fuera un mal sueño,  pero no es así,  es un día más que pasa sin mi príncipe;  es duro perder un hijo sólo Dios sabe realmente que séntimos las madres.

 

Los hijos son prestados y hoy por destino de la vida,  por cosas que aún no se ni me explico  perdí un hijo,  pero  gane un ángel en el cielo,  me consuela saber que ya no tiene ningún dolor,

 

Stiven siempre te recordaremos con un gran amor mi stiven mieles mi guerrero, mi maestro de vida quien me enseñó que por mas difícil que sean las cosas siempre debemos tener una sonrisa y decir te quiero, todo estará bien.

 

Siempre recordare tu sonrisa cuando me decías «mi mamá es una gruñona».

 

Liliana  Torres

Foto y contenido:  Autorizado por los padres.